La curiosidad es la puerta del aprendizaje

Actualizado: 7 feb 2021



Para poder aprender debemos lograr activar nuestra atención haciendo foco en aquello nuevo que se nos presenta.

La novedad, lo diferente, lo curioso, lo inusual, involucrar la mayor cantidad de sentidos, invitar a la acción, lo incompleto o inacabado... son algunas de las herramientas o recursos que tenemos para captar la atención de nuestros alumnos. Generar curiosidad para lograr que aprendan y así poder recordar. Si no se logra despertar el interés es poco probable que se genere un aprendizaje significativo y duradero..

Francisco Mora, especialista en neuroeducación, dice que un buen profesor es aquel capaz de transformar hasta lo más sozo en un tema curioso.

¿Por qué necesitamos despertar la curiosidad de nuestros alumnos?

Las neurociencias nos brindan información que nos ayuda a comprender cómo funciona nuestro cerebro y cómo podemos hacer para que el aprendizaje de nuestros alumnos sea más duradero. Se ha comprobado que si no hay atención no hay memoria y sin memoria no hay aprendizaje.

Captar la atención de nuestros alumnos es hoy en día nuestro mayor desafío.

Tratando de pensar como alumnos, la manera en que presentamos los temas y las actividades que les proponemos deberían tener siempre en cuenta la siguiente premisa: los alumnos evalúan si algo les interesará o no en los primeros 5 minutos de nuestra clase con esta pregunta en sus mentes “¿qué hay en esto para mí?” Si no logran encontrar algo que les resulte significativo en lo que les estamos presentando, los habremos perdido para el resto de la clase…. O de la materia…..

Pero: ¿a qué tipo de aprendizaje nos estamos refiriendo?

Está claro que el mundo está cambiando y los cambios ocurren a un ritmo vertiginoso que la escuela no siempre puede acompañar. La única constante es la naturaleza cambiante del mundo y del ser humano.

Vivimos en un mundo VICA, es decir caracterizado por:

  • Volatilidad

  • Incertidumbre

  • Complejidad

  • Ambigüedad

La educación debe preparar a los individuos para este mundo VICA, dándoles la posibilidad de desarrollar nuevas habilidades, propiciando un modo de pensar y de vivir que les permita desenvolverse satisfactoriamente en ese nuevo mundo.

Y otro punto importante: ¿qué tipo de alumno está sentado en nuestras aulas?

Entender a los sujetos que se encuentran sentados en nuestras aulas es clave para poder pensar propuestas que respondan a sus posibilidades de aprendizaje.

Está claro que los alumnos de hoy distan mucho de los alumnos para los que fue pensada la escuela tradicional. Norbert Monfort en su libro “Próxima parada: de la evolución a la acción”[1] hace un interesante paralelismo entre la relación pedagógica de la escuela tradicional y la actual, entendiendo que aquella estaba pensada en términos de lo que él denomina un “pastoreo de ovejas”. Los alumnos se comportaban de manera sumisa, moviéndose como rebaño. Hoy en día, en cambio, en las aulas no encontramos “ovejas” sino “gatos”. Por esta razón, la escuela no puede mantener las mismas “formas de hacer”, sino que debe entender que “los gatos” no obedecen si no tienen ganas o una buena razón para hacerlo y que no requieren de “pastores” para buscar lo que necesitan. La democratización de la información ocurrida con la irrupción de Internet nos corre a los docentes del lugar de “dadores de conocimiento” y nos pone el desafío de redefinir nuestra tarea.

Y además, como si todo esto fuera poco, las neurociencias nos llaman la atención sobre los aspectos emocionales que intervienen en el aprendizaje y en el desarrollo de cualquier sujeto. Nuestros alumnos no son solo un “cerebro en crecimiento”, sino que son personas que sienten y se emocionan. Tener en cuenta esas emociones es ni más ni menos que la condición de posibilidad de cualquier aprendizaje.

Con todo esto en mente, volvamos a la gran pregunta:

¿Cómo hacemos para captar la atención de nuestros alumnos en nuestras clases?

En primer lugar debemos afrontar la idea de que es necesario hacer cambios radicales en la manera en que pensamos nuestras clases, las actividades que ofrecemos a nuestros alumnos. Y esto fundamentalmente en relación a las habilidades cognitivas y emocionales que les proponemos poner en juego en cada momento. Es necesario sin dudas “poner de cabeza” las clases. Abandonar la lógica de lo simple a lo complejo y de la teoría a la práctica que gobernó a la educación tradicional es central si queremos acercar a nuestros alumnos experiencias que los convoquen de manera significativa. La vida no se presenta siempre desde lo más sencillo ni desde la posibilidad de racionalizar una idea. La vida y sus retos se presentan de manera global, holística… así debe ser una clase escolar.

Revisemos la manera en que hacemos preguntas a nuestros alumnos, cuál es su naturaleza, qué desafío proponen en la búsqueda de una respuesta… y es más, ¿hay una respuesta, o son varias las respuestas posibles?... ¿Cuál es el recorrido hacia la respuesta?..... ¿es interesante, divertido, estimulante, desafiante... o ya sabemos de antemano que la respuesta es una y se consigue siguiendo solamente una secuencia de pasos? ¿Los invitamos a que sean ellos quienes hagan las preguntas o los ponemos a buscar respuestas a preguntas que ni siquiera se hicieron?

La diversión no necesariamente tiene que ver con ponernos una nariz de payaso y reírnos todo el tiempo. Un niño se divierte siguiendo a las hormigas hacia su hormiguero y pasa largos ratos enfrascado en su tarea… mira, analiza, conjetura, prueba… ¿quién no experimentó poniendo a las hormigas hojas de diferentes tamaños para ver cuánto peso podían cargar?

Ayudemos a que nuestros alumnos recuperen esa magia de querer conocer, que jueguen en nuestras clases, que disfruten, que discutan, que gocen…. Niños y adolescentes curiosos, comprometidos, entusiasmados, lograrán seguramente aprendizajes más significativos y duraderos que aquellos que deban simplemente memorizar conceptos y teorías sin sentido para aplicar a experiencias vacías de todo contexto.

Si te apasiona enseñar, si querés divertirte y entusiasmarte inventando nuevas formas de trabajar con tus alumnos…. Te invitamos a transitar juntos este camino de búsqueda y de exploración, de reflexión sobre nuestras prácticas, de experimentación, de ensayo y error…

[1] Monfort, Robert: “Próxima parada: de la evolución a la acción” 2017- Lid Editorial - España

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